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    Miembro
    5 de mayo de 2022 a las 3:00 pm

    Hasta la realización de esta formación no me había parado a pensar en el feminismo como un ente plural, formado por múltiples feminismos. Me he dado cuenta lo estrecha que ha sido mi visión y cuando pienso en mi concepción de feminismo me doy cuenta que está basada en mi percepción de la realidad, la traducción que hago de la misma, en base a mis valores, cultura, ideología política, nivel educativo, raza, creencias religiosas y un larguísimo etcétera, que poco o nada tiene que ver con la realidad que vive otra persona en otro punto del mundo, o en el mismo punto.

    Eso a nivel individual, porque si pensamos en términos de sociedad, toda la estructura geopolítica, social y económica, todos los intereses creados por los estados y para los estados, se traduce en términos de clases opresoras y clases oprimidas.

    La invisibilización que ha sufrido la historia del feminismo de América Latina a través de los tiempos, ha estado ligada a procesos de colonización y colonialidad histórica, dando lugar a que sus mujeres sean representadas como objeto y no como sujetos de su propia historia y experiencias, situándolas como meras víctimas.

    Este feminismo hegemónico concibe a las mujeres como un grupo homogéneo (blanca, heterosexual, urbana, de un nivel socioeconómico como mínimo medio) con intereses comunes y definido principalmente en base a la opresión que sufren. No tiene en cuenta que las circunstancias vividas y que rodean a cada mujer, influye directamente en cómo la femineidad se construye en relación con la masculinidad. Así, poco tiene que ver la experiencia de una mujer negra de clase baja en un suburbio de una ciudad de Colombia, con una abogada blanca de Nueva York.