• Roberto Gonzalez Prieto

    Miembro
    2 de mayo de 2022 a las 5:18 pm

    Los pensamientos basados en una interacción diversa, respetuosa con nuestras fuentes de recursos humanos, naturales, científicos y sobre todo en la igualdad de las personas, permitiría a las personas crecer, sentirse partícipes tanto de la dimensión de cuidados de menores, mayores, como de la de desarrollo físico, intelectual productivo y generador de riqueza tanto en mujeres como en hombres. El imaginario supondría un sociedad formada por hogares donde tanto mujeres como hombres participaran en todos los ámbitos de cuidado de la vida (cuidados de menores y personas mayores) como la construcción de los elementos que permiten la perpetuación de la misma (Trabajo, bienes materiales, alimento, vestido), y de la misma forma, la liberación de imposiciones fruto del constructo de género, esclavizantes y empobrecedoras de las personas.

    Lo deseable sería que “abriéramos los ojos” ante esta posibilidad, perdiéramos el miedo a rechazar los privilegios androcéntricos y liberarnos de las imposiciones del neoliberalismo feroz y de sus imposiciones como mujeres y hombres. Perdemos muchas posibilidades de expresión, de contribución a la vida y a la preservación de la naturaleza, contribuyendo a nuestra propia destrucción (estrés, responsabilidad de adquirir bienes materiales para “mantener” a las personas que son en realidad quienes mantienen la vida)…. He conocido hombres que tenían tan interiorizada su responsabilidad de “Mantener” materialmente a su familia, que en momentos de crisis económica, habiendo perdido notablemente su capacidad de ganar dinero, han atentado contra su propia vida, como el hecho de ganar un sueldo fuera el único objetivo en sus vidas… perdiendo a su vez momentos de interacción, educativos, de juego con sus hijas hijos, y de cuidados de sus mayores.

    Estoy a favor por completo en la asunción de los poderes públicos de la responsabilidad de los cuidados y atención de las personas que lo precisan y una distribución ecuánime de las responsabilidades de cuidados del entorno vital (vivienda), como de las personas que conforman la familia, como de las laborales.

    No es sólo el derecho de las mujeres al acceso al mercado laboral, es su derecho a invertir su tiempo en recursos de crecimiento personal, de autocuidado, de ocio, de aprendizaje, y de creación de redes y de comunidades de autoayuda.