• Lidia

    Miembro
    5 de abril de 2022 a las 10:28 am

    Primero, quiero darles las gracias por todas las aportaciones que ya han dado sobre este tema. De acuerdo con lo que se ha expuesto y con lo que han comentado las compañeras y los compañeros, creo que la estructura socioeconómica juega un papel central en mantener este tipo de dinámica de explotación (que sea con o sin consentimiento, considerando que el consentimiento muchas veces está subordinado a la desventaja social que se sufre). De forma silenciosa y encubierta, los Estados se aprovechan de este triste mercado. Muchas veces todos nosotros llegamos a conocer una parte de este complejo proceso, como por ejemplo, viendo mujeres migrantes que trabajan como cuidadoras en malas condiciones. En estas situaciones me pregunto ¿por qué tenemos que aceptar unas condiciones de vida según el lugar en el que hemos nacido? ¿ Acaso alguien ha podido elegir donde nacer?

    La desigualdad entre hombres y mujeres se hace aún más problemática en la población migrante que estamos considerando. La construcción social del género permite y normaliza el abuso de poder sobre las mujeres a diferentes niveles, que vienen cosificadas y utilizadas. Además, también en nuestra sociedad occidental, se desvaloriza el trabajo al que sigue dedicándose en mayor porcentaje la mujer, como el trabajo de las cuidadoras por ejemplo, considerándolo a nivel social una tarea que no es en igual medida un trabajo al 100 por 100, cuando realmente se suele trabajar muchísimas horas más. Sin estos trabajos en los hogares, trabajos “escondidos”, la sociedad no podría seguir adelante. Aun así se sigue quitando valor o importancia a todo el proceso que lleva a las mujeres a dedicarse a la prostitución o a otros trabajo de explotación.