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    28 de marzo de 2022 a las 7:14 pm

    Estas mujeres víctimas de la extorsión, el engaño y la trata, reducida en dicho contexto como nuevo “producto de consumo” acaba formando parte (aunque de manera indirecta bajo la economía sumergida del país) del sistema económico y por tanto social que en dicho país de llegada se está desarrollando. Respecto a la parte “social” de la problemática, recoge una gran diversidad de consumidores que agrava la situación, ya que no es un negocio para una minoría de población masculina, sino que incluye desde un perfil de hombre económica/socialmente ‘bien situado’ hasta un perfil de ‘hombre pudiente’ donde su situación económica está por debajo de lo estandarizado.

    A pesar del gran desarrollo que vamos obteniendo con el paso de los años y las contínuas luchas por aquello tan básico, tanto de lo que precisamos tener en la sociedad “del hoy” como lo que no deberíamos consentir tener, este es uno de los sectores más afectados y que más urge tomar cartas del asunto y, sin embargo, parece no adquirir la relevancia que verdaderamente tiene como para mediar en ello. Por lo que, parece irse construyendo una sociedad de género paralela a la que tenemos en España.

    Entonces… la pasividad gubernamental ante hechos así ¿es por falta de motivación social o es mera imprudencia racial?