• Alba Navarro Caballero

    Miembro
    24 de marzo de 2022 a las 1:49 pm

    Muchas gracias a todas las compañeras por los recursos que estáis compartiendo, me están pareciendo muy interesantes e ilustrativos de la realidad actual.

    Considerar el carácter “empoderador” de la crisis de cuidados me parecería muy frívolo, pues únicamente, permite “empoderarse” a mujeres de cierta clase social y en determinados países desarrollados, a costa de mujeres con menor recursos económicos que en su gran mayoría son migrantes y que son las que realizan el trabajo de cuidados que a ellas les impedía promocionarse en sus trabajos exteriores. Así, en realidad, no empodera a las mujeres esta crisis de cuidados, todo lo contrario. En muchas ocasiones también, se puede considerar un parche, ya que no se asume la repartición de tareas de cuidado entre el hombre y la mujer, ni la conciliación, sino la relegación de las mismas a otra mujer (aunque esto es una generalidad ya que no en todos los hogares si quiera conviven un hombre y una mujer). Además, si analizamos las mujeres como grupo amplio, en realidad la situación continúa igual, como dicen algunas compañeras, las mujeres que dejan sus hogares para cuidar otros, se encuentran con un vacío de cuidados en su propio hogar. No comparto por tanto la posibilidad de que exista un empoderamiento a costa de una explotación de otra persona, en este caso, de otra mujer, puesto que, además, el servicio del empleo doméstico sufre una ingente violación de derechos laborales y mucha precariedad. La solución sería que estas nuevas necesidades que tienen las familias se vean cubiertas a nivel público y que, por medio de un cambio en la Ley de extranjería, como apunta la presidenta de Sedoac en el vídeo compartido por la compañera Lourdes, se elimine también la perpetuación de una economía sumergida en este ámbito laboral para alcanzar por las mujeres migrantes los requisitos de permanencia en el país para regular su situación, que en muchos casos también las llevan a aceptar trabajos de internas con el fin de evitar mayores contactos con la vida exterior que podría llevarles a un problema de expulsión del país.Muchas gracias a todas las compañeras por los recursos que estáis compartiendo, me están pareciendo muy interesantes e ilustrativos de la realidad actual.
    Considerar el carácter “empoderador” de la crisis de cuidados me parecería muy frívolo, pues únicamente, permite “empoderarse” a mujeres de cierta clase social y en determinados países desarrollados, a costa de mujeres con menor recursos económicos que en su gran mayoría son migrantes y que son las que realizan el trabajo de cuidados que a ellas les impedía promocionarse en sus trabajos exteriores. Así, en realidad, no empodera a las mujeres esta crisis de cuidados, todo lo contrario. En muchas ocasiones también, se puede considerar un parche, ya que no se asume la repartición de tareas de cuidado entre el hombre y la mujer, ni la conciliación, sino la relegación de las mismas a otra mujer (aunque esto es una generalidad ya que no en todos los hogares si quiera conviven un hombre y una mujer). Además, si analizamos las mujeres como grupo amplio, en realidad la situación continúa igual, como dicen algunas compañeras, las mujeres que dejan sus hogares para cuidar otros, se encuentran con un vacío de cuidados en su propio hogar. No comparto por tanto la posibilidad de que exista un empoderamiento a costa de una explotación de otra persona, en este caso, de otra mujer, puesto que, además, el servicio del empleo doméstico sufre una ingente violación de derechos laborales y mucha precariedad. La solución sería que estas nuevas necesidades que tienen las familias se vean cubiertas a nivel público y que, por medio de un cambio en la Ley de extranjería, como apunta la presidenta de Sedoac en el vídeo compartido por la compañera Lourdes, se elimine también la perpetuación de una economía sumergida en este ámbito laboral para alcanzar por las mujeres migrantes los requisitos de permanencia en el país para regular su situación, que en muchos casos también las llevan a aceptar trabajos de internas con el fin de evitar mayores contactos con la vida exterior que podría llevarles a un problema de expulsión del país.